Experimentados noveles. | Universidad Mondragón México

Experimentados noveles.

Por Ricardo Pérez Quezada.

Es una verdad mundialmente reconocida que un joven recién egresado de la universidad se encuentra listo para insertarse en el modelo laboral que predomina en su sociedad, a través del emprendimiento de su propio proyecto o ejecutando tareas clave dentro de una empresa. Sin embargo, y más allá de su preparación, cada vez parece mayor el número de profesionistas que carecen de un sustento constante o cuyas empresas encuentran su Apocalipsis a menos de dos años de su creación, muchas de ellas sin siquiera haberse constituido.

Un estudio publicado en 2018 reveló que en México 478 mil personas con licenciatura o posgrado componen las filas de un ejercito de desempleados que aumenta día a día y cuyo terrible peregrinar entre ferias de empleo, entrevistas y rechazos puede durar desde los 3 meses hasta los 2 años. Si bien las causas del fracaso pueden ser variadas, yendo desde la incompatibilidad de perfiles hasta la mala formulación del CV, para cientos de jóvenes, el rechazo parece estar encarnado por la bestia negra de la falta de experiencia profesional.

 

Este sistema ha engendrado una generación de profesionistas que se ven obligados a dejar de lado su vocación y optar por empleos temporales, egresados que acceden a sueldos paupérrimos o que abandonan el país hacia un futuro incierto y en los casos más dramáticos jóvenes que se suman a las filas del crimen organizado y narcotráfico. Ante tal situación y más allá de las dinámicas gubernamentales que se pudieran establecer, es responsabilidad de las universidades garantizar el “valor” de sus egresados dentro del mercado laboral.

 

Este tópico, el del valor, ha sido un elemento intangible dentro del paradigma empresarial, desde donde se establece un criterio sobre el aspirante a partir de la universidad de la que egresó y no a partir de la certificación real y comprobable de la experiencia de trabajo que desarrolló durante sus años en las aulas universitarias, esencialmente por que en la universidad uno no trabaja, sino que realiza prácticas profesionales.

 

 

Ante tal panorama las universidades, tanto públicas como privadas, son fundamentales en la transformación del arquetipo del practicante universitario, enfocándose en romper la creencia de que el pasante es solo una “lobby girl” o un “paper boy” sino un profesionista capaz de desarrollar tareas clave y creativas para su equipo y su empresa; representa la oportunidad de la empresa para obtener un elemento significativo y altamente culturizable en el sistema y valores de la firma, que al egresar le permitirá a la empresa ahorrar de 1 a 2 años de curva de aprendizaje.

 

 

Para garantizar esto, algunas casas de estudio, como la Universidad Mondragón, donde tengo el gusto de desenvolverme como docente en marketing, se han valido de centros de emprendizaje y alternancia que permiten a los alumnos desarrollar proyectos que serán presentados a inversores o incrustarse, a través de un centro de empleabilidad en los equipos de trabajo de las empresas sirviendo como un revulsivo organizacional gracias a las capacidades que ha desarrollado en la empresa y a la interconectividad y capacidad de resolución de problemas tecnológicos con las que ha crecido como nativo de la era digital y de las redes sociales.

Para el empresario queretano, este cambio de paradigma establece una oportunidad inmejorable para acercarse a las universidades y sus centros de empleabilidad e incubadoras, con la finalidad de encontrar productos de inversión y capital humano de valor tangible que le permitan encontrar en la academia una cantera de desarrollo de profesionistas a modo puedan volverse más competitivas, mientras se convierten en aliados del alumno, al tomar la postura de piedra angular en la historia de vida profesional del universitario y encaminándose los dos hacia la prosperidad y el éxito futuro.

 

 

 

 

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