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Por Ricardo Quezada

 

En algún momento de mi vida, una profesora de apreciación artística me comentó que una función periférica del arte es la de ser un monitor social, es decir, un escaparate en el que se puede ver el espíritu predominante en la cultura de una época y una región determinada, algo que los alemanes de la mano de Hegel definen como Zeitgeist. Esta forma de apreciar el mundo nos otorga de una manera sencilla la capacidad de dilucidar el tiempo y sus significaciones, por ejemplo, las décadas, sus paradigmas, corrientes, ideales y estereotipos y así entendemos muchos de los porqués dentro del entramado histórico que se teje día a día.

 

Dentro de los movimientos artísticos que podrían ejemplificar un Zeitgeist podríamos nombrar el neorrealismo italiano que inicia en 1945 con “Roma ciudad abierta” de Rosselinni y cuyo principal motivador era mostrar sin epítetos de un nacionalismo empalagoso la vida común de los italianos sobrevivientes de la segunda guerra mundial y del fascismo. También está la generación de la ruptura mexicana que desde los años 50 le hizo frente a la hegemonía del institucionalismo artístico proliferante gracias al muralismo y su herencia. De esta forma, un grupo de jóvenes sin organización y de manera espontánea alimentaron un espíritu encaminado hacia la autonomía, la búsqueda de la identidad propia y de insurrección social que impregnaría las generaciones de nuestros padres o abuelos.

 

Para un mundo globalizado, altamente interconectado, el espíritu predominante parece ser cada vez más difícil de distinguir y entender pero, si la crisis del COVID-19 nos ha dejado algo positivo, es el poder de dilucidar la forma de nuestros tiempos a través de una manifestación que no podríamos considerar artística pero si de la comunicación digital: los memes. Estos encuentran una coincidencia con el arte dentro de una de sus funciones periféricas, ambos son monitores sociales.

Richard Dawkins (Nairobi, 1941), define en su libro “El Gen Egoísta de 1976 a un meme como una unidad mínima de información que se puede transmitir. Actualmente, los memes digitales son una pequeña absorción cultural que ha sido secuestrada, asimilada, reinterpretada, identificada y reconocida por una sociedad cuyos alcances ya no dependen de la propagación en un entorno físico claramente delimitado sino de un conocimiento en común y a veces universal que rompe barreras como el lenguaje y la ubicación.

Al inicio de este año y con él la década de los 20 (aunque hay quienes sostienen que inicia en 2021) era imposible establecer un espíritu de los tiempos, los grandes conglomerados del capitalismo que alimentan la cultura pop mantenían una posición firme colocando el cine de super héroes, los refritos ochenteros, el trap, el reggaeton de segunda generación, las dietas keto y el fitness como principales vectores para la creación de productos y servicios. Como motor espiritual colocó la búsqueda de significación, el autocuidado, el protagonismo, la búsqueda por el stardom y la victimización de los individuos.

Como ejemplos tenemos varios cientos de miles de genios de Silicon Valley como Elizabeth Holmes de Theranos, contenido generado por youtubers como Exponiendo infieles de Badabun o personas/marcas como Kimberly Loaiza o Yuya, mientras en otra escala más pedestre, predomina una lucha de sistemas ideológicos donde los colectivos sociales exigían derechos, participación y reconocimiento para sectores de la población que aún se encuentran bajo el yugo de ideologías cuestionables o caducas en las dinámicas de poder predominantes en el pospostmodernismo, millenarismo, metamodernismo, etc. y que ha llevado las luchas y los debates a los hilos de Twitter, grupos de Facebook, comentarios de Youtube y a la creación de peyorativos como: generación de cristal, chairos, whitexicans y fifis (que estos en si son un meme) y otras figuras de la retórica contemporánea.

Dentro del panorama de las artes, creadores como Koons, Kusama, Hirst, Ai Weiwei, Bruguera, Banksy y por qué no Orozco, han llevado la idea del pret aporté, el ready made, la instalación y el arte público a un plano inhóspito donde la definición entre arte, farsa, performance y montaje, le arrebatan el sueño a los críticos de arte y estudiosos de la estética, gracias al debate directo con propios y extraños a través de las redes sociales.

Entonces, al poner sobre papel las cualidades que definirían el ocaso de los años 10 y el amanecer de los 20 estaríamos sumidos en combates de verborrea digital llenos de contraposiciones, donde la búsqueda por hacer que una razón subjetiva sea asimilada y aceptada por los detractores pareciera el único fin. Estas dinámicas me ayudan a entender la época como una altamente accesible en información donde la subjetividad trasciende a la realidad… hasta que la sopa de Wuhan emulsionó la peor pandemia en más de 100 años.

 

 

Desde el privilegio del confinamiento, el espejo negro del teléfono se convirtió en una ventana hacia el mundo donde pudimos apreciar los vicios y las virtudes de la humanidad e inclusive memetizarlas, volverlas memes pues, como cuando los residentes de un conjunto departamental en Santa Fé y habitantes de otros sectores de lujo en la Ciudad de México emularon a residentes de departamentos italianos para cantar una canción popular, en este caso Cielito Lindo, que sirviera como un aliciente ante la hecatombe por venir. Claramente esto fue tachado de ridículo, pues en contexto los italianos estaban pasando por el cenit de la pandemia mientras que en nuestro país era 23 de marzo el día que inició la jornada nacional de sana distancia, con 367 positivosy cuatro defunciones por SARSCOV-2. Las opiniones no se hicieron esperar y el acto transmitido en redes recibió la crítica y el disgusto de muchos internautas que hacían alusión a los varios cientos de mexicanos que no podían permanecer en casa por cuestiones laborales, este monitor manifestó no solo el interés por hermanarse entre vecinos de Santa Fé, sino una enorme necesidad de visibilidad y protagonismo inconsciente de la enorme desigualdad en un país de más de 100 millones de habitantes.

Ejemplos como este han surgido abundantemente y basta con interpretar no solo el meme sino su contexto para entender todo aquello que puede reflejar un proceso comunicativo. Bajo esta premisa, un meme es solo una unidad mínima de información que ante la revisión contextual y cultural se convierte en un complejo modelo de comunicación que esconde en su núcleo una narrativa mucho más estructurada y fascinante. Valdría la pena revisar el FAIL meme de Astronomía/Dancing Pallbearers, mejor conocido como el “Ataúd danzante” cuyo boom se alcanzó durante la pandemia gracias a los contextos en que puede ser estructurada su narrativa.

De la plétora de memes surgidos durante la pandemia donde Gatell se ha convertido en un ícono o en un portavoz (lo que fue Cobi para Barcelona 92, ha sido el Dr. Gatell para la jornada nacional de sana distancia, sin ánimo de ofender) gracias a sus apariciones diarias y su comportamiento tan atípico en la política mexicana, sin embargo, el halo polémico que rodea cualquier sujeto politizable convierte a sus memes en monitor de lo que estaba ocurriendo durante la pandemia, pero no le da significado a una época, a mi parecer, eso lo logra el memeQué linda te ves trapeando Esperancita, pero te faltó aquí maldita criada”, autoría del twitstar JuanDa @Juan_Da_MC y creado hace más de un año pero popularizado durante la pandemia.

 

Su estructura simple emula una telenovela mexicana en la que Esperancita (personificada por su novio) está trapeando y Juan Da (la villana) entona -“qué linda te ves trapeando Esperancita, pero te faltó aquí maldita criada”- mientras tira una bebida en el piso prístino. La entonación y la frase han creado un efecto Mandela en el que hasta hoy en día se sigue pensando que pertenece a una novela, la realidad es en palabras del Twitstar que fue un chiste de un día cualquiera, pero desata la pregunta ¿por qué fue tan popular?

La respuesta inmediata a este fenómeno se responde fácilmente cuando decimos que fue gracias a plataformas como Tik Tok o la menos popular Lasso, sin embargo, ante un escrutinio mucho más agudo podemos entender que se trata de una narración que llega hasta lo más profundo del inconsciente colectivo del mexicano, donde las víctimas tienen un rostro y los villanos están delimitados por la ausencia de toda virtud.

 

Esperancita no es el novio de Juan Da, es una concepción mental, el arquetipo que tenemos sobre las protagonistas de la telenovela, inocente, diligente, inmaculada, pura y amante de la vida, mientras el papel de la villana es la de una fuerza de la naturaleza, aguda en sus acciones y brutal en su forma de expresarse, en si una representación del bien contra el mal, del esfuerzo por construir algo contra la tragedia de lo inesperado, es como la vida que llevan aquellos que están perdiendo todo lo construido por un capricho del destino.

 

Juan Da y sus acciones expresan una voz hiriente, vacía de cualquier empatía, que denigra, señala, aísla y destruye, pero el principal punto por el que este meme funciona tan bien, es que de manera indirecta e inconsciente el espectador ya sabe lo que sigue, no importa quienes sean los actores interpretando la escena: un cachorro que orina el piso recién trapeado, una madre que lava los vasos mientras sus hijos le juegan una broma, un niño al que sus hermanos le hacen un desastre donde acaba de limpiar, etc. sabemos que Esperancita se repondrá después de eso y esa idea es la que hace que tenga un sentido mucho más interesante (o tal vez, es solo lo que quiero ver tras varias semanas de encierro) y que le habla tan a pecho a los mexicanos, Esperancita personifica la resiliencia.

El espíritu mexicano es uno que cree en la resiliencia, aunque no siempre sepa el significado de la palabra, la encarna. El mexicano sabe que se puede levantar después de haberse caído y no conforme, lo vuelve y lo volverá a intentar pese a seguir fracasando (vean los mundiales), a pesar de ello, no cae en el vicio de la terquedad pues es capaz de seguir disfrutando sus pequeños triunfos, no como una conformidad, sino como un peldaño más para alcanzar sus sueños. Entonces, Esperancita es una metáfora del terrible presente que están pasando muchas personas y su capacidad para levantarse, esto predomina en el espíritu mexicano, es lo que hace que los dueños de negocios sepan que mañana despertarán llenos de incertidumbre pero con capacidad de seguir adelante; es lo que hace saber a los médicos que más allá de la nube de cansancio y tragedia existe un halo de esperanza que dice que lo peor ya ha pasado aunque no haya certeza; es lo que hace que cientos de mujeres vayan a seguir saliendo a la calle, por que saben que cada día es una lucha; es lo que hace que los estudiantes y profesores estén llevando clases virtuales, por que saben que no pueden detenerse; es lo que mantiene las marchas y las manifestaciones, las protestas y las inconformidades, el esfuerzo y el aprendizaje; es la lucha que cada día tenemos contra nosotros mismos por ser mejores, pero más que nunca, en este momento, es la fuerza que ayuda a las familias que han perdido a alguien puedan sobreponerse al dolor, porque ellas como cientos de mexicanos estamos aprendiendo que la realidad es una fuerza de la naturaleza aguda en sus acciones, brutal en sus manifestaciones y que no le importa nuestra subjetividad ni nuestras creencias, vendrá para hacernos pedazos, aún así, los mexicanos creemos en el mañana, porque nos hemos levantado de las crisis y los temblores, de las críticas y los temores, porque de alguna forma nuestro espíritu es así, definido por un poco de esperancita.

Foto de la portada: Sin Título (Mujer en Flores) / Gregory Crewdson (1999).

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