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Por: Sabrina Andrea Terrones Rodríguez - LP, 2° semestre

Imagina el momento en que te presentan a alguien totalmente nuevo, ¿sacas conclusiones incluso antes de que hablen? ¿Y qué hay de cuando los papeles se intercambian?, ahora tú eres el protagonista, ¿crees que ya saben algo de ti? La respuesta es: sí, las personas juzgamos la apariencia de alguien inconsciente o conscientemente, desde que lo conocemos y ¿sabes cuánto tiempo nos toma hacerlo? ¿Crees que toma minutos, acaso horas?

Usualmente pensamos que tenemos al menos unos cuantos minutos u horas para hacer una primera impresión, pero lamento decirles que no son horas ni minutos: Solo tenemos 5 segundos. Así es, 5 segundos para hacer nuestra única y primera impresión y a los 12 segundos alguien que apenas nos conoce puede identificar muchas más cosas de nosotros como la cultura, orientación sexual, clase social, la profesión y personalidad. Increíble, ¿no? Muchas personas piensan que los únicos que deben prestar atención a su imagen son celebridades o figuras públicas reconocidas; pues vengo a darles la primicia: no es así. La realidad es que todos deberíamos considerarnos y vernos como una figura pública, pues en verdad estamos expuestos TODO el tiempo (redes sociales, reuniones sociales, escuela, trabajo y más) lo que nos hace vulnerables a crear una reputación

 

Muchas veces quitamos importancia a nuestro aspecto, nos descuidamos o ni siquiera le prestamos atención. Pero resulta y resalta que la imagen influye en un 93% en cómo nos verán las personas. Claro que no es lo único que hay de nosotros, están nuestros rasgos especiales de personalidad, pero no todo mundo los va a conocer a fondo. Incluso piensa en la primera vez que viste a tu mejor amig@, a la persona que te gusta… no pudiste haberte fijado en algo que no fuera su imagen, pues no se conocían del todo. Si bien es algo superficial, es importante justo por eso: es como nos van a percibir de primera mano a quienes conozcamos o se atraviesen en nuestro camino y de esto dependerá la relación que quieran o no entablar con nosotros y viceversa.

Como pueden ver, solo tenemos UNA oportunidad de causar una buena primera impresión. Me gustaría invitarl@s a pensar en su imagen como algo más. No solo arreglarse o poner atención a ella cuando van a una entrevista, o algo más formal, sino que lo hagan algo parte de su vida diaria. A dejar de verlo como algo que pude ocasionar flojera y que se convierta en una preocupación, para nada. Les quiero compartir una pequeña fórmula para que lo vean como lo veo:

Tiempo invertido= Como me veo = me siento = es lo que los demás verán.

Es decir, si ustedes se ven bien, es muy seguro que se sientan bien con ustedes y eso es lo que proyectarán al resto del mundo.  Conviertan esa preocupación en ocupación y usen ese tiempo para sentirse empoderad@s y prepárense para salir al mundo y darles una probada a los demás de su belleza interior.

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La expresión del hombre como prueba máxima de estar vivo

Por: Diana Sofía Rodríguez Cruz LGET 2° semestre

El lenguaje es quizá la más grande creación concebida por el hombre en todos los tiempos, pues a través de él ha logrado capturar el pensamiento, la acción y sentimiento de seres de distintas épocas, pero no ha sido la única. Los motivos que hacen que hoy este escribiendo son los mismos que hacen que alguien más pinte, que otro cante y que uno más baile. En cavernas, montañas, teatros, piedra, papel, escenarios, ni el dónde ni el cómo han sido impedimento para el ser humano, el único de los seres vivientes que tiene la suficiente capacidad para representar simbólicamente la realidad.

Con expresión me refiero a toda manifestación hacia el entorno, la transmisión de sentimientos, pensamientos o emociones de una o muchas cosas diferentes; expresarnos es, en realidad, algo necesario, el ser humano necesita comunicarse con su entorno, así como cualquier otra especie en el mundo, pero hay algo, diferente y misterioso -casi mágico- en el hombre que lleva más allá esta necesidad de expresión. Es bien sabido que la mente humana es compleja, tanto, que ni en todos los miles de años que llevamos pisando la tierra se han logrado develar sus secretos; aun así, hemos creado tantas cosas para hacer que el mundo sepa que estamos aquí: televisiones, teléfonos, películas, ensayos, investigaciones, creencias, redes sociales, etc., todas creadas por la necesidad del hombre de que todos sepan que como individuo existe en algún lugar remoto.

 

Esta necesidad podría, en teoría, tener origen en la capacidad de razonamiento del hombre, aunada a su constante estado de reflexión que al final resulta en la llamada filosofía, donde las grandes cuestiones sobre la vida residen, y es esta la razón por la que veo las expresiones del hombre como la mayor prueba de su existencia: la necesidad de responder a preguntas como ¿quién soy?, ¿qué hago aquí? o ¿de verdad estoy vivo o quizá es una ilusión? Preguntas que quizá no tienen una respuesta o al menos nadie vendrá a darnos la respuesta, pero que causan en el hombre un desesperado deseo de demostrar que existe y es real.

Quizá suena todo esto a una simple reflexión, pero ese algo mágico, ese desesperado deseo de existir que todos llevamos dentro, es quizá la razón más importante que ha impactado toda nuestra existencia y evolución, es lo que nos ha llevado a superar el estado primitivo, a crear, desarrollar cada día algo nuevo, es el mismo impulso que nos llevó a crear transportes, sociedades, medios de comunicación y formas de expresión, con la esperanza de que alguna, algún día, resuene en el universo y jamás quede en duda, aun si nos extinguimos, que el ser humano existió alguna vez, en algún lugar.

 

 

EXPRESION1

Por: Ximena Rivas

Cambiar de rutina, de aires es lo que aviva a un alma monótona. El estar en continuo cambio y experimentar todo lo que esté en nuestras manos es lo que le puede dar un sentido al respirar y caminar del día a día.

Empezar desde cero nos eriza los nervios y, al mismo tiempo, nos atrae la incertidumbre de todo lo que anhelamos pronto conocer. Nos pone ansiosos el descubrir, el saber más y el estar más cerca de alcanzar a la persona que algún día imaginamos que seríamos. Esa persona que solo existía en nuestros sueños cuando de pequeños nos preguntaban qué sería de nosotros cuando grandes fuéramos. Ese imposible, que intentamos hacer posible, aunque nos perdamos de vez en cuando en la penumbra que nos ciega.

 

 

Volver a iniciar nos llena de expectativas y de la gran incógnita: “¿Qué será de mí en unos años, meses o días?”. Y esa gran incógnita se mantiene cada que decides empezar algo nuevo, como una carrera. Muchos tenemos miedo de saber si es la decisión correcta, de saber si es realmente lo que nos saciará el alma en unos años cuando comamos, respiramos y vivamos de eso que hemos escogido. Pero nunca sabremos si realmente es eso que hará brillar nuestras pupilas cuando digamos lo que hacemos si no nos aventamos, si no intentamos volar. Al fin y al cabo, tenemos un paracaídas por si algo sale mal.

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Por Anna Quiroz

Cuando hablamos de salud mental muchas veces se considera como algo malo. Sin embargo, es muy necesario en la adolescencia llevar acompañamiento psicológico. Pero, ¿qué es la salud mental?, la salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psicológico y social; afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando enfrentamos la vida. Así pues, hoy en día es algo que consideramos necesario atender.
Ahora bien, la adolescencia es un proceso que todos los seres humanos mayores a 13 años han vivido; sin embargo, hay tres tramos en los cuales se corta esta etapa. La primera, es un corte social, en el cual la sociedad en la mayoría de los países considerará que a los 18 años puedas elegir a un gobernador, ingerir alcohol, tabaco, conducir, entre otras cosas.

El siguiente corte es el corporal. A partir de que nacemos, nuestro cerebro incrementa de tamaño y genera nuevas redes neuronales (materia gris). Al cumplir los 13 años es el momento en el que más materia gris tenemos, pero al pasar esta edad las redes se empiezan a romper, aunque el cerebro sigue en desarrollo. Esto termina aproximadamente cuando tenemos 21 años.
Y el tercer corte, que es el que los psicólogos consideran que es el verdadero fin de la adolescencia, se da cuando nos volvemos independientes, no solo económica sino también, emocional y socialmente.

Hoy en día los adolescentes nos encontramos es todo este proceso en el cual nos enfrentamos a pasar por muchos cambios y encuentros de sentimientos, y, añadido a eso, estamos en medio de una pandemia la cual nos limita a hacer muchas cosas. Si en un momento de normalidad nos cuesta esta etapa, al sumar este factor todo se vuelve más complicado. Así pues, si era estresante la escuela, ahora lo es más porque estamos en un proceso de adaptación a un sistema distinto, a una forma de pensar distinta. El sentirse atrapados en la misma casa sin poder a hacer nada, el saber que el mundo es un caos afuera y tú solo estás acostado en tu cama. Este tipo de cosas son las que hacen que los adolescentes generen ansiedad, estrés o incluso depresión.

La salud mental no es un juego, ir al psicólogo no es para gente loca, a lo único que vas es a aclarar tus ideas y no sentirte tan solo. Otra buena idea para el autocuidado es empezar a hacer cosas que has querido hacer, pero no has podido: si tenías ganas de leer un libro que hace mucho no leías, hazlo; si tienes ganas de cocinar un pastel de chocolate, hazlo; si quieres ver todas las películas de Harry Potter, hazlo. Pero si de verdad necesitas ayuda, acude a un psicólogo; te ayudará como nadie más puede hacerlo