Hacer comunidad en tiempos de aislamiento | Universidad Mondragón México

Hacer comunidad en tiempos de aislamiento

Por Santiago Morell
Nos encontramos en un tiempo propicio para hacer una relectura de nuestra historia y dar una respuesta a nuestro presente que nos impulse a construir nuestro futuro. Las crisis pueden servir para consolidar la unidad social y la identidad comunitaria en torno a nuestros valores, tradiciones y costumbres.

La crisis que se nos presenta hoy tienen varios rasgos que la hacen particular. Es una crisis universal que nos ha llevado al aislamiento social, es una crisis donde el cuidado de mí mismo implica el cuidado del otro, es una crisis que nos afecta en lo personal y nos lleva a reconocer que la respuesta frente a ella ha de ser comunitaria.

 

También es una crisis que muestra paradojas e ironías. En la época histórica de mayor conectividad el aislamiento se percibe con mayor soledad, compartimos nuestra vida y contenido por redes sociales y nos genera angustia el compartir presencialmente con nuestra familia en un tiempo prolongado, hemos querido tener tiempo para nuestro cuidado y el de nuestros seres queridos y ahora que tenemos el tiempo la angustia ante la crisis nos deja sin voluntad.

 

Es una crisis que desvela la fragilidad de un sistema económico y social que se ha centrado en la producción e incremento del capital y ha dejado a la persona y la comunidad en el olvido. Hoy tenemos muchas personas sin empleo, un sistema de salud que no puede responder a las necesidades de la población y colectivos independientes que no tienen espacios para trabajar.

Hoy la realidad pone lo fundamental en el centro: la persona y su dignidad. Asimismo, la realidad nos indica que el centro de la comunidad es cada persona que la integra y su dignidad.

Frente a esta crisis la respuesta mínima es el aislamiento social para disminuir el contagio y propagación del virus. El aislamiento es una respuesta ética de cuidado ante nuestra realidad, es una respuesta personal, inteligente y necesaria. Sin embargo, el aislamiento social sigue siendo la respuesta mínima.

 

La gran interrogante de esta crisis no está en el tema de salud, está en que podamos transitar de los mínimos personales al compromiso social y la reconstrucción de nuestra comunidad. Está en que nos solidaricemos con aquellos que no tienen para comer cada noche, con aquellos que perdieron su fuente de ingreso y la incertidumbre es su nueva compañera, en que seamos capaces de desprendernos de lo que no nos es necesario para compartirlo con aquellos que lo necesitan para vivir.

El gran reto es poner a cada persona y su dignidad en el centro de nuestras acciones y nuestra reflexión, para ello hay que cuestionarnos: ¿qué alternativas económicas son viables para solidarizarnos con aquellos que lo necesitan?, ¿cómo puedo construir comunidad desde mi entorno?, ¿cómo comparto lo que tengo y puedo dar con otros?, ¿me identifico como miembro de mi comunidad y me interesa el bienestar y la dignidad del otro?

 

 

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